INÉS MANZANO: Me encantaría ser alcaldesa porque amo esta ciudad

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Es hija de Bernardo Manzano y Clemencia Díaz, hermana de Bernardo, Anita y María Gracia. Es abogada, tiene un PhD y sus logros académicos están vinculados a la fascinación que siente por la relación de los seres humanos con la naturaleza.

Trabaja con su padre, no la enoja casi nada, pero la primera confesión que nos hace es que no tiene mucha tolerancia frente a quien no la entiende y no negocia temas de derechos de los niños.

Cuando hablas de tus padres dices que te hicieron vivir en una burbuja de amor. Uno suele repetir lo de sus padres. ¿Tú construyes burbujas de amor para que vivan otros? ¿Quiénes?

Son burbujas donde caben muchas personas, a las que quieres darte, con las que me gusta compartir. Son burbujas más grandes tal vez. Lo que pasaba en mi niñez es que mi padre fue hijo único. Mi madre tenía toda su familia en Cuenca. En casa éramos solo los seis, mis padres y nosotros cuatro. Ahora, en mi presente, está Christian (Christian Bakker, su novio).

Marca la unión, pero también el divorcio. ¿Cómo pasas esa experiencia?

La universidad es una época en la que las relaciones afectivas se amplían y vas perdiendo la relación con la familia. No te das cuenta de las cosas. Yo trabajaba y estudiaba. Soy la tercera, pero parecía la mayor, siempre fui muy engreída, a veces parecía la única. Mi hermana menor, en cambio, sí se daba cuenta de cosas y recuerdo que me decía que parecía que yo vivía en la nebulosa.

El año que ellos (sus padres) se separan, al inicio del 2000, decidieron esperar que me fuera de viaje por mis estudios para separarse definitivamente. Pensaron que hacían lo mejor, sin embargo siempre les reclamé que esperaran mi ausencia para decidirse. Igual sucedieron las cosas así y en medio de la distancia. Nos escribimos muchas cartas con mi madre y aún guardo una muy especial de ella, en la que me explica esos temas entre madre e hija, maravillosa. Ella me enseñó que no hay culpables. Después de un tiempo decidieron enviar a mi hermana menor para que esté conmigo. Fueron buenos momentos que compartimos con ella en España. Las dos asumimos una realidad que jamás pensábamos posible.

Hoy, a pesar de todo, los veo igual de preocupados por nosotros, siguen siendo papá y mamá, siguen discutiendo sobre nuestras cosas. El otro día fue mi cumpleaños y estaban todos. Seguimos siendo una familia. Nueve nietos, nueve sobrinos.

Y hablando de familia, invertiste mucho tiempo y valor en un amor bastante cuestionado.

Sí, la verdad es que sí. Uno piensa que esa persona es la que uno quiere para toda la vida y en realidad uno se equivoca. El error lo pagué con creces. Me hice expectativas muy superiores a la realidad que me tocó vivir. Nuestras personalidades no calzaban. Yo estaba en proceso de formación profesional, y tal vez no calcé en un matrimonio con gran diferencia de edad. Mis anhelos profesionales no fueron cosas de ese momento, yo sabía lo que quería hacer desde muy pequeña. Yo dije que quería salvar al mundo cuando era chiquita. No sabía cómo, pero eso lo descubres con el tiempo. No era un sueño nuevo, y él o ese matrimonio no combinaron con mi vida.

Te tomaste demasiado tiempo para descubrir que no calzaban.

Sí, creo que sí. Mis conversaciones con Dios eran intensas, le preguntaba, me preguntaba a mí misma, si ya era suficiente el sufrimiento. Pedía y necesitaba sosiego. Cuando ya nos separamos yo sentí un alivio y creo que él también. Éramos dos almas que no estaban hechas para formar una vida juntos. Y si bien fue un juicio de divorcio bastante largo, no fue mi culpa, yo solo me defendía. Además, ahora recordando esos episodios, se me viene a la mente que mis padres me enseñaron a hablar, a conversar, que hay peleas que no hay que emprenderlas. Yo no quería pelear, había momentos de calma en los que pensaba que más adelante se arreglarían las cosas, pero no, no se arreglaban. Después que termina esta relación mi acercamiento a Dios fue casi inmediato, y cuando encuentras la cercanía con Dios sabes que estás en el lugar correcto.

Nada de qué arrepentirse entonces, nada que hacer aunque el tiempo pudiera dar marcha atrás...

Si tuviera la madurez que adquirí en la misma relación hubiera tomado o dejado de tomar algunas decisiones. Pero eso no va a pasar. Además todo lo que soy ahora no es otra cosa que la suma de los errores que cometí. Hay gente que no entiende eso. En todo caso, lo positivo de esa época es que me dediquLé mucho a estudiar, profundizar en los temas, filosofar en lo que uno está haciendo. Valoro mucho darse tiempo para reflexionar o filosofar. La gente a veces no tiene tiempo de pensar para qué está aquí o para qué está haciendo tal o cual cosa.

¿Y tú para qué estás aquí?

Yo estoy aquí para ser feliz y para algo que tal vez descubrí muy tarde. Jesús dice que hay que amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Esa parte de “como a ti mismo” nadie nos enseñó a hacerlo, y nos hemos dedicado a hacer felices a los otros, olvidándonos de nuestro rol. Los niños son tan puros, que aquello que nos gustaba ser y hacer desde la inocencia de la infancia es lo que nos marca el camino. Yo no sabía que había una especialidad en temas ambientales, hasta que un día mi padre me enseñó las opciones, pero siempre me gustó la naturaleza. Hay cosas que vas aprendiendo, pero estás aquí para ser feliz y hacer el bien.

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Escucho a Inés y veo con la facilidad que explica cómo su vocación jurídica está ligada a la naturaleza como algo que sucedió antes de que ella se diera cuenta. Como si la vida hubiera decidido por ella, y a ella lo que le tocó fue ir descubriendo que eso era lo que la haría feliz. Pienso, y no me alargo mucho en hondas explicaciones, hasta qué punto los encuentros nos golpean o nos convierten en mejores personas. Inés empieza a contarnos cómo conoció a su novio Christian. “Yo lo conocí porque me necesitaba como abogada y me di cuenta de ciertas cosas, de su forma de ver la vida. En la primera conversación que tuve con él me fui dando cuenta de nuestras coincidencias y, sobre todo, lo más relevante para mí fue admirarlo en su relación con Dios y su formación espiritual. Y esa conexión fue la más fuerte”.

¿Cómo entiendes desde lo profesional toda esa atracción espiritual en un mundo donde la comunicación generalmente es violenta o frívola?

Para mí todo esto es muy bueno, porque en la oficina y en mi trabajo laboramos sobre valores. Es increíble cómo coincidimos todos en la honestidad y la transparencia. Es difícil sí, pero depende de qué quieres. Si quieres éxito rápido entonces te tuerces, pero si quieres ser alguien que sabe y a quien la gente busca para apoyo (asumes esos valores). Para vivir así no hay plan B, solo tienes un plan: ser honesto y transparente.

¿Qué es para ti ser mujer de éxito?

¡Ay! ¡Pues, primero, no va con el dinero! Mientras venía a la entrevista pensaba “Ojalá María Josefa no me pregunte eso”, porque, créeme, a veces temo pensar en un objetivo, en una meta, en algo que deseo hacer, pues lo logro. El éxito consiste en sacar esas barreras internas. Pensamientos como “No voy a poder porque soy mujer, porque soy de la Costa, porque soy de la Sierra”... He enfrentado todo lo que se me ha presentado. Usualmente lo logro. Es una seguridad interior, un don que Dios me regaló. Miro la meta y la consigo.

¿Ahora qué buscas alcanzar?

Deseo escribir. Me gusta escribir, de hecho gané el Premio Nacional del Cuento, cuando estaba en el colegio. Escribí un cuento con temática ambiental que resultó del impacto que me había causado ir a Galápagos en sexto curso. Después de la carrera por la candidatura a la vicepresidencia que hicimos con Mauricio, que fue tan vívida, rica en experiencias, se han acumulado cosas que deseo contar. Estábamos todo el tiempo con gente de muy escasos recursos, caminando, conociendo. En fin... deseo escribir. No creo ser la voz cantante de la política actual, pero hay una nueva política que emerge en el país. Es hora de plantearnos cómo debe ser la política frente a un 2050 o un 2080 a un 2017. No se están haciendo las cosas pensando en la gente que viene después  y no están viendo lo que vale la pena ver.

¿Qué no están viendo los políticos del país?

Hay miles de enfoques, yo deseo hacerlo desde el de la sostenibilidad. Por ejemplo, las enmiendas no son más que enmiendas de poder. Se lo dije a los asambleístas que me he encontrado. Son enmiendas de ambición y política que no tienen nada que ver con lo que el país necesita. Sería bueno que tomen en cuenta otros puntos de vista.

Si vas a escribir sobre lo que los políticos no ven, significa que tu perspectiva política está esperando una nueva oportunidad.

No. Con Mauricio tenemos la puerta abierta. Pero creo que esto es para todos. Se trata de lanzar visiones distintas para presentarlas como opción, para que el que quiera las tome y haga algo. Hay cosas que no ganan un voto porque la sociedad lamentablemente está aturdida por el populismo. Pero toca mirar la política diferente.

Fue un reto diferente pensar en salvar al Yasuní. Luego el Gobierno cambió de rumbo, el pueblo se confunde. ¿Cómo hacer que la sociedad sepa cómo vivir con la naturaleza de modo responsable y eficiente?

En lo jurídico el país tiene exceso de normas, son confusas. Tanto, que peligra la productividad, las ciudades. Se habla del derecho de la naturaleza, pero nunca hemos interiorizado esos conceptos. Si lees lo que viene por debajo de la Constitución como leyes y ordenanzas, todo es más confuso. El derecho está llamado a regular a la sociedad. En lo político y en la gestión ambiental, ¡qué te diré! Tú los oyes hablar y hacen otras cosas distintas.

¿Es una decisión eficiente haber intervenido en el Yasuní?

Mira lo que pasa alrededor del mundo: todos van a otro tipo de energías limpias, alternativas. Van hacia biotecnología, hacia servicio. Y no se hizo lo que se tuvo que hacer cuando tuvimos el periodo de siete años de vacas gordas. Creo que fue una decisión apresurada pensando que el Estado tendría recursos años después. No creo que fue la manera inteligente de hacerlo. Había otras opciones. ¡Somos tan flojos para poner las neuronas en cadena! Hay que reconocer que es el presidente de mayor sensibilidad ambiental, ha hecho más que los otros. Pero no le está dando resultado porque no ves un país que saque provecho de su biodiversidad.

¿Crees que el alcalde Nebot tiene esa sensibilidad ambiental?

No, no la tiene. Él cree que yo lo critico, pero no es así, digo lo que pienso por su bien. Él debe aprender de la gente menor y de las mujeres. No creo que tenga buen asesoramiento en este tema, como tampoco lo tienen los demás alcaldes del país.

¿Mauricio Rodas tiene quién lo asesore en esos temas?

Bueno, su caso es diferente porque ha heredado una Secretaría de Ambiente que ahí va pataleando, pero por lo menos él pregunta, él llama y trata de informarse y se deja guiar.

Inés justifica y dice comprender que para el alcalde de Guayaquil estos temas no estén en agenda permanente. “Para Jaime Nebot es complicado, sencillamente no está en su ‘chip’, no está en su ADN; pero ahora sí está preocupado porque se da cuenta de cómo está cambiando el planeta”.

¿Cuáles cambios?

Muchos. Las estadísticas dicen que el 68 % de la población ya está en el área urbana y para el 2030 el 80 % de la población cubrirá el área urbana. Hay que dar calidad de vida y no la tenemos. Mira las piscinas de oxidación que están en el río Daule, donde están las aguas residuales, e imagínate qué sucede cuando se escapan esas aguas de las piscinas. No nos estamos preocupando que más adelante está la toma de agua potable.

Desde el balcón de su departamento vemos el río y nos explica los riesgos de lo que dice. Mira a la ciudad con grandes retos, pero para ella es preciso que la urbe cambie de dirección.

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“Creo que es una ciudad que merece ser preguntada a dónde quiere ir. Creo que deberíamos plantearnos qué queremos enfatizar si la zona industrial va a quedar asentada en el cantón. Somos una ciudad bastante grande y tenemos opciones de generarnos nuestra propia energía. Hay que preguntarse si vamos a crecer hacia arriba y con qué criterios y gustos lo haremos. La ciudad está impregnada de estilos y vas perdiendo algo. Por ejemplo, ves a Urdesa completamente trasquilada cuando era un barrio tan lindo, ves a un barrio Orellana que pierde su origen. En la ciudad existe una ordenanza que establece que hasta el kilómetro 40 de la vía a la costa es para desarrollo urbano con una sola carretera. Eso no me parece. Eso no es visión, eso es haber puesto a revalorizar bienes inmuebles. Creo que seriamente estamos en el momento de hacernos muchas preguntas sobre la urbe. Hay que desarrollar polos. Se necesitan nuevas ideas. Puede estar el mismo político, el mismo alcalde, porque tiene una capacidad de gestión increíble, es un hombre brillante, él tiene una de las mentes más lúcidas para tomar decisiones rápidas y eficientes. Él hace que las cosas sucedan, por eso creo que será válido que se nutra de nuevos vientos e ideas. Esas mentes brillantes hay que conservarlas a favor del bien. Un día le propuse al alcalde Nebot hacer una gran encuesta sobre qué ciudad quiere la gente y sigo esperando. Guayaquil tiene parroquias maravillosas que pueden crecer de otra forma: Posorja, Tenguel, la isla Puná...”.

Hace algunos años se rumoró que te ibas a candidatizar a la alcaldía de Guayaquil. ¿Te gustaría ser alcaldesa del Puerto Principal?

¡Me encantaría! En la época a la que te refieres, no era apropiado, tenía problemas personales más complicados; pero ahora sí. Amo el estero Salado. Hay que reconocer que se han hecho cosas en este Gobierno. El otro día vi cardúmenes en el estero Salado; eso no lo podías ver hace mucho tiempo. He crecido con el amor a los parques, nuestros ríos. Creo que hay cosas lindas que se pueden hacer para continuar con la identidad que los dos últimos alcaldes rescataron.

Me parece que Jaime Nebot pudiera elegir apoyar a alguien de su partido para la alcaldía, ¿o no?

No creo que tenga opción.

¿Crees que no hay opción en Madera de Guerrero o lista 6?

No sé en la lista 6, pero en Madera de Guerrero no creo. Creo que los puestos no se heredan, pero el apoyo de él es muy importante. Él debe estar buscando a alguien que tenga una gran capacidad de gestión y no veo a nadie a su alrededor que la tenga. No digo que no se pueda cambiar, pero si no se hacen cosas mientras estás en el cargo, ¿qué te garantiza que las harás luego?

Inés ahora se está certificando como couching y descubre lo feliz que puede ser mejorando y ayudando a mejorar a los demás. Ella dice las cosas sin preámbulo alguno, sencillamente las suelta. Se cataloga como una persona que no se hace lío por nada y está consciente de que no es moneda de oro para que todos la quieran. Y siendo una mujer guapa, se distingue por optar por una apariencia natural.

Punto aparte

- Más allá de que sea tu amigo, ¿crees que Mauricio Rodas es un buen alcalde?

Está haciendo lo mejor que puede. Le va a costar porque ha heredado un municipio que tiene 12.000 empleados, 18 empresas públicas y el 80 % de sus ingresos va a gastos y no a obras.

- ¿Hay algo que aún te gustaría estudiar?

Me encanta aprender. No quiero otra profesión. Aunque ya tengo maestría y PhD.

- ¿Qué tal te salen las cosas de casa?

Me encanta cocinar. Cocino rico.

- ¿El puesto de hija engreída de tu padre ha estado en riesgo con algún nieto?

Así quieren unos, pero no los dejo.

- ¿Celosa?

No. Solo defiendo mi puesto. Dicen que uno no debe tener certezas, pero a mí nadie me quita la de que Dios existe y me ama y que cuento con el amor de mis padres.

Fuente:

Entrevista realizada por María Josefa Coronel publicada el 26 de Abril de 2015 en el semanario Semana del Diario Expreso

http://semana.ec/ediciones/2015/04/26/gente/gente/ines-manzano-me-encantaria-ser-alcaldesa-porque-amo-esta-ciudad/

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